3.12.11

Vulnerabilidad

Observaba entusiasmado. Su manera de moverse resultaba preciosa; y sólo era un gesto del que probablemente apenas se daba cuenta; simplemente se movía y se dejaba ir sintiendo la fusión de su persona con la música: fluía con la melodía y sus manos, hasta hacía unos instantes tensas y nerviosas, transmitían la serenidad de quien vive sin más, con la calma de quien ha vuelto a casa y se calienta frente a la chimenea. Miraba encantado.


Conforme la mente se comprende a sí misma, deja de identificarse con sus propios pensamientos. La mente no son los pensamientos. Comprenderlo es dejar la puerta abierta a la libertad, dándonos la posibilidad de abrigar cualquier idea. Una persona libre, en este sentido, nunca se encuentra amenazada por la oposición o por el conflicto porque sabe que no puede ser obstaculizada; si no hay una postura que defender ni una identidad que proteger, la mente puede ir a donde quiera. En realidad, nunca hay nada que perder y, ante la experiencia de la propia naturaleza, fluye la gratitud. Lo esencial es que cuando la mente está cerrada, el corazón está cerrado; cuando la mente está abierta, el corazón está abierto. Así que, si queremos abrir nuestro corazón, habrá que cuestionar nuestros pensamientos. La vida, tras esta indagación, es tan sencilla y obvia que no se puede imaginar de antemano. Todo se contempla como perfecto, tal como es. Lo maravilloso de saber quién eres es que siempre estás en un estado de gratitud ante la abundancia del mundo de las apariencias. Este estado constante de gratitud es la prueba de fuego de la autorrealización, porque no es algo que se pueda buscar ni encontrar. Cuando comprendemos bien quiénes somos, la sensación nos envuelve completamente, sin posibilidad de ser oscurecida ni tapada. Es la aceptación total, es la fusión sin confusión. Y ahí no hay vulnerabilidad posible. De lo contrario...

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