11.1.12

Allegretto

Tras el primer tiempo trepidante, poco sostenuto-vivace, de la séptima sinfonía, en que la piel se eriza ante los cambios de ritmo y de volumen, y en el que las cuerdas se alternan el protagonismo mezcladas con las trompas con ese estilo tan personal de Beethoven, desembocamos en un movimiento más tranquilo, allegretto -pero muy intenso también por la fuerza melódica-, en que los violonchelos primero, violas y violines más tarde, y las flautas nos cuentan en una bonita canción. Así es la música: nos transporta a lugares que sólo nuestra mente puede crear... Y ocurre que algunas veces la realidad supera lo imaginado, lo fantaseado y lo soñado. El presto y el allegro con brío resuelven una maravillosa obra. Agradecido por todo.


Como decíamos ayer, cualquier proceso de crecimiento puede ser útil para el afrontamiento de la angustia y el sufrimiento personal. Y nos habíamos centrado en el análisis de algunos principios fundamentales que deben cumplirse para que verdaderamente el esfuerzo que se realiza en un proceso de crecimiento personal tenga resultados en nuestro bienestar. Se dijo que el primer paso es realizar una buena observación de uno mismo o, en su caso, desarrollar la habilidad para hacerlo. Sólo así podremos conocer la realidad de lo que nos está pasando. Y añadíamos que no se trata de encontrar las causas de lo que nos ocurre, sino de quedarse con eso que nos ocurre, pues es la única manera de lograr la libertad para poder acabar haciendo lo más sano. En caso contrario, cuando negamos nuestros afectos -sobre todo los negativos: insatisfacción, ira, dolor o ambición, sufriremos y, además, nunca llegaremos a comportarnos de un modo saludable desde la libertad personal. Al conocer lo que realmente está pasándonos, se produce una apertura muy poderosa hacia nosotros mismos, porque supone evitar el autocompadecimiento o la autocomplacencia, que nos sobreprotege y que solemos usar para enrocarnos como expertos jugadores de ajedrez. Con el conocimiento de las emociones reales, nuestra consciencia se convierte instrumento de trabajo, porque nos permitirá nombrar y aceptar interiormente nuestra experiencia. El conocimiento, como ya decía el estagirita, nos lleva a la libertad personal, obviando lo fantasioso, lo negado y lo ignorado a priori por la mente racional. Podemos ver lo nos pasa y luchar con el narcisismo y con la vergüenza, que no son más que mecanismos al servicio de una defensa neurótica que nos complica, todavía más si cabe, la existencia.

No hay comentarios:

Deja tu comentario: