21.1.12

Niebla

La niebla ocupa, densa, el espacio y oculta lo más alejado. Nada puede verse más allá de unos metros. Lo real se muestra borroso y resulta confuso, cubierto como está de una película agrisada que condiciona la mirada. De manera velada, por miedo o por desasosiego, lo que hay se esconde tras la espesura y finge ser lo que nunca haya de ser. Sin embargo, por la bruma, lo aparente se muestra real al pensamiento y las emociones, subordinadas, se supeditan a él y modulan una existencia con aires nostálgicos, mustios, aletargados. La niebla inunda, viscosa, el ambiente y tapa lo que está más distante. Lo falso ni es ni puede emerger con más pretensión que la dramática.


Pero al mirar con atención, podremos caer en la cuenta de que la neblina sólo provoca espejismos. El balón sigue rodando y los niños lo golpean con fuerza correteando anárquicamente a su alrededor. Las flores siguen mostrando su colorido intenso y atrayente. Y así, la intención robusta, aunque circunstancialmente abuhardillada en el escozor, puede penetrar en aquel susto con el que nos sorprende la vida para sentir la dulzura suave de las ternuras. Por la amabilidad de quien nos toca, nos agarramos al vigor de lo existente y nutrimos anhelos, deseos y esperanzas con savia blanca elaborada con lo real. Es así como la fortaleza nos guía para obrar, desde el respeto al yo, en pos del bien común. Sólo en el empeño nos podemos entender.

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