1.1.12

Propósitos

Hoy el Sol luce con fuerza en estas latitudes. No parece un día de invierno, aunque cuando sopla un poco el viento, la temperatura cálida se diluye en la humedad de la atmósfera que cala hasta los huesos. Aquí, bañados nuestros pies por el Mar Mediterráneo, los árboles muestran su verde más intenso, en contraste con el azul del cielo que se extiende hasta donde la mirada es capaz de alcanzar. Suenan a esta hora, además, los violines y los trombones que, cada primero de año, amenizan bien las resacas de una noche de fiesta, bien los ánimos que se afanan en preparar lo que haya de ser otra comida familiar, tan típica de estos días. Tal vez los deseos convertidos en propósitos, expresados con toda nuestra mejor intención hace unas horas, ya hayan sido incumplidos por los efluvios de alguna sustancia más o menos etílica que pudiera habernos afectado la firme voluntad expresada mientras aún resonaban las campanadas de la última medianoche. Pero, tal vez pudiera ocurrir que los deseos y las ilusiones que nos han nutrido el espíritu en la celebración de estas Pascuas de Navidad lleguen a formar parte de nuestra vida para, en un ejercicio de confianza profunda en nosotros mismos y en la Providencia, se acaben convirtiendo en la realidad de nuestro presente y de nuestro futuro. Será en ese caso en el que cabrá la íntima y profunda gratitud por el logro de la dicha. Dejarnos fluir será la tarea. No es fácil, aunque tampoco resulta tan complicado para la vida consciente y atenta. Mis mejores deseos para todos en este recién estrenado 2012.

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