4.1.12

Regalo

Ha comenzado la cuenta atrás. Las calles siguen engalanadas y las luces de mil colores alumbran las avenidas más importantes de cada pueblo y cada ciudad. Los camellos y los dromedarios se estarán desperezando para su jornada de más trabajo. Y los niños comienzan a temblar de emoción. En unas pocas horas comenzará su fiesta por excelencia. La gran cabalgata de los Reyes Magos está a punto de comenzar y los pequeños de la casa aguardan ya, con nervios y preocupación, su llegada. Los mayores, de un modo u otro, ponemos la mejor de las intenciones para cumplir con sus ilusiones, porque también son las nuestras y su alegría es la nuestra. En unas pocas horas el confeti y los caramelos saltarán desde las carrozas adornadas con brillantes colores y los pequeños querrán hacerse una foto con Melchor, mientras recogen su regalo bien envuelto en papel dorado y con un gran lazo que llevará su nombre impreso en letras grandes. Las madres, orgullosas de ver a su niño caminar bien tieso a recoger su regalo, soltarán, tal vez, una lagrimilla contagiadas por la emoción de su hijo. Me he parado a mirar con un poco de detenimiento y me he dado cuenta de la cantidad de regalos que recibimos a diario, sin pedirlos, sin escribir cartas, sin poner ilusiones, sin anticipaciones ni frustraciones al romper el papel dorado; un gesto original, que parte de la nada y nos lo entregan con el mismo cariño; un gesto que recibimos porque quienes nos quieren, quieren ofrecernos una expresión de su aprecio, sin más. Hoy he recibido un hermoso regalo. Me siento profundamente conmovido. Lo miro y lo remiro, como cuando era niño. Apenas puedo separarme de él… y sólo estamos en la cuenta atrás. Gracias.

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