25.1.12

Veinte segundos de coraje

La búsqueda de la seguridad personal y la espontaneidad en el encuentro con el otro -e incluso con uno mismo- tiene, en algunas ocasiones, consecuencias que no estaban previstas en el guión. Los miedos vuelven a ejercer su papel como siempre lo han hecho en el mismo momento en que dejamos de poner consciencia a lo que estamos experimentando por la confianza y la relajación sentidas. Y sólo cuando nos hemos habituado a actuar conforme a lo que verdaderamente queremos, dejamos de reaccionar según aquellos viejos comportamientos defensivos que, a la postre, nos lo hacen pasar mal. Por esta razón, nunca se insistirá lo suficiente en la idea de dirigir la consciencia al aquí y al ahora -y al nosotros, en el caso de que estemos reaccionando frente a alguien-. Por ejemplo, podemos culpar al otro cuando nos sentimos inseguros, porque vemos más sencillo y resulta más cómodo que sea el otro el responsable de tal inquietud y, en consecuencia, perdernos en disputas pretendidamente justificadas afuera. Sin embargo, lo que nos ocurre tiene más que ver con nosotros mismos que con el otro. Hacen falta muchos "veinte segundos de coraje" (www.unlugarparasonar.es) para parar, mirar, darse cuenta de lo que está sucediendo-me y dejar de culpar. La reparación íntima pasa por una buena administración del perdón a uno mismo, la petición de disculpas por el daño causado y el tesón para que, en adelante, lo real y presente no quede oculto bajo los miedos y las inseguridades personales. A partir de ahí, si se quiere, el encuentro podrá ser real.

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