24.2.12

Sí,... en el yo.

Las preguntas «¿Cómo puedes hacer eso que me sienta tan mal? ¿No te das cuenta del daño que me haces?» solemos hacerlas con mucha frecuencia. Pero no, no suele estar ahí el alivio a la angustia sentida, tal vez porque esas preguntas no son las adecuadas. Nunca dejaremos de insistir en que el punto de partida no es mirar lo que hacen o dicen los demás. Ellos, los demás, suelen hacer y decir desde la consideración de sus propias necesidades y nunca en atención a las nuestras; curiosamente, en este último caso, no suele haber sufrimiento y, por tanto, no hay necesidad de hacer las dichosas preguntas. Cuando lo hay, cuando sí sufrimos, la tarea está más en ver lo que a mí me ocurre con lo que hacen o dicen esos otros. Las preguntas son otras: ¿Cómo soy? ¿Qué es lo que me pasa? ¿Para qué me siento yo así? Mientras no conozcamos cómo hacemos para sortear lo que no nos gusta y, al mismo tiempo, mantener el status quo de nuestra vida -doliente o gozoso-, no sabremos quienes somos. Pero, ¿acaso puede cambiar lo que queremos que siga como hasta ahora? Tendemos a llevarnos mal con la persona que somos; y la dificultad para relacionarnos con nosotros mismos hace que pongamos la mirada en quien está a nuestro alrededor. La clave está en el yo: sí, ... en el yo.

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