29.2.12

Tú que haces?

De acuerdo... la respuesta está en el yo; creo que podemos aceptarlo con una cierta dosis de confianza en la racionalidad -bien es cierto-; sin embargo, a veces, las emociones conducen mi mirada hacia otro paisaje. Por ejemplo... ahora, dándole vueltas a esta cuestión, me siento inquieto ante la pregunta sobre la responsabilidad que cada uno de nosotros tenemos con nosotros mismos como personas adultas: ¿qué es lo que tenemos que hacer para llevarnos bien con la persona que somos? ¿Acaso no nos inundarán los miedos en el mismo momento en que, asumiendo la total responsabilidad de mi persona, vea lo que he de hacer para serme leal a mí mismo? O lo que es peor, ¿no me estaré engañando cuando me comporto como creo que soy por lo que he sido en mi biografía si sigo comportándome igual, una vez y otra, siendo esa actitud la que precisamente me provoca más malestar? La dependencia infantil, propia de los seres humanos, va desapareciendo poco a poco a lo largo de los años de instrucción y educación en los que se desarrolla la habilidad del pensamiento, crece la confianza en uno mismo y se aprende la autonomía personal. Parece que nos vamos construyendo a base de ideas sobre lo que somos y sobre lo creemos que es el mundo que nos rodea. La vida se convierte, en definitiva, en una permanente acción para el mantenimiento y el disfrute de eso que somos, o de eso en lo que nos vamos convirtiendo. Dicho de otro modo, perseguimos y defendemos nuestros valores en el mundo mediante las acciones que realizamos en nuestra vida. De ahí que la mirada para conocer quiénes somos en este momento deberá dirigirse a nuestras acciones, más que a nuestras ideas.

No hay comentarios:

Deja tu comentario: