20.3.12

Autoestima

Hoy he encendido el ordenador... he abierto el gestor de correo electrónico... he esperado unos segundos a que se cargaran los mensajes entrantes en mi buzón... mucha publicidad... y me he encontrado una sorpresa: un mensaje de una persona por la que siento bastante aprecio pero con quien, por razones que no vienen al caso, no tengo contacto desde hace unos meses... me han conmovido mucho sus palabras... noto que se está defendiendo... siento tristeza... nada puedo hacer con su decisión de alejarse.


La autoestima, la valoración que interna y profundamente hacemos de nosotros mismos, se pertrecha tras defensas y bloqueos de los que apenas tenemos noticias porque tienden a ser inconscientes. Tanto es así que, en ocasiones, podemos dejar un asunto sin resolver en la bandeja de los asuntos resueltos porque no queremos -o no podemos, considero yo- mirar el tema de frente. Desde la consulta de psicoterapia observamos con frecuencia cómo la implicación sincera en el intento de comprender lo que hacemos y lo que nos ocurre acaba provocando confianza en uno mismo, pues el conocimiento de la verdad permite tomar decisiones diferentes a las tomadas en el pasado; por contra, la evitación de este esfuerzo produce justo el efecto contrario. También resulta muy útil -ya lo hemos dicho muchas veces- prestar atención conscientemente a todo lo que nos ocurre, sobre todo para ver cuál es el sentido de lo que nos ocurre, cuál es la finalidad de las decisiones, las emociones y los comportamientos que acabamos mostrando. Eso nos hace sentir mayor confianza en nuestras posibilidades por el aumento en el conocimiento de uno mismo y de las competencias personales. Y, como ya habéis aportado en los comentarios, la integridad y la congruencia personal produce la sensación de respeto de uno mismo que se traduce en una valoración positiva y realista de quienes somos y de cómo somos. Ese es el comienzo del camino. No hay otro...

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