18.5.12

Ya no vale la terquedad

El crecimiento de la persona raras veces sigue un camino simple y lineal. Más bien todo lo contrario: es un vivir a trompicones, con tensiones frecuentes y errores repetidos una y otra vez, alguna vuelta a conductas infantiles y unas cuantas sorpresas que no estaban en el guión previsto por el autor. Con esta varianza tan grande, puede parecer que los hechos concretos de nuestra vida no siguen un orden y que no podemos dirigir nuestra embarcación a pesar de nuestros esfuerzos; que ha quedado varada en la playa. Considero, sin embargo, que existen patrones de comportamiento que responden a nuestros verdaderos principios de vida. Por esta razón, ante el aparente desorden, encontramos nuevos caminos, nuevas soluciones a problemas que hasta este momento habíamos resuelto de un modo que ahora no nos sirve. Intentamos cosas diferentes, exploramos alternativas, convertimos los desafíos en oportunidades. Y cuando las circunstancias son propicias, nuestra determinación y nuestra flexibilidad nos permiten encontrar formas mejores de ser. Ahora bien, el éxito es algo más que una tarea de la inteligencia. El cambio y el intercambio son la esencia de la vida tal y como la entendemos en la actualidad. El orden, desde este punto de vista, no se opone al desorden. Son procesos complementarios, también a nivel psicológico. Los aspectos continuos y estructurados se describen a menudo en términos de rasgos, sí mismos "verdaderos" o "reales", personalidad y tipos de carácter. Tipificar es característico de los seres humanos. Schopenhauer observó irónicamente que hay dos tipos de personas en el mundo: aquellos que creen que hay dos tipos de personas en el mundo y aquellos que no lo creen. No todo es tan sencillo, estoy de acuerdo. Cuando hacemos lo que hacemos tenemos nuestras razones, aunque no sean comprensibles para las personas que más nos quieren. Valga entonces una revolución personal para la creatividad.

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