15.9.12

Camino a la nada

Veamos a qué me refería en "Papel de estraza" al hablar de la inevitabilidad de la sensación de soledad frente a los demás seres humanos e, incluso, frente a todo lo que forma el mundo material que nos rodea. Bastará con que pongamos la mirada en los dos conflictos citados: la confrontación con la idea de la propia muerte y con la idea de nuestra libertad personal. En cuanto a la primera, el acto de morir es la experiencia humana más solitaria ya que nadie puede morir conmigo o por mí y solemos acudir a la fe para realizar ese último viaje menos solos; y en cuanto a la segunda, la confrontación con la propia libertad, en la medida en que uno es consciente de la absoluta responsabilidad de la propia vida, se está solo y no hay protección frente a lo circundante, pues nadie puede vivirnos la vida. Nadie puede morir nuestra muerte y nadie puede vivir nuestra vida: de ahí la profunda soledad inherente al acto de la creación de lo vivido, junto con una cierta sensación de indiferencia de los demás precisamente porque no son responsables de lo que nosotros hagamos con nuestra vida. Ésta es, en definitiva, la fuente primaria de angustia y desamparo que surge de la separación básica de los seres humanos, un sentimiento de extrañeza en que los significados pierden sus significados de la misma manera que ocurre cuando repetimos muchas veces la misma palabra en nuestro pensamiento y uno se siente arrancado de su propia morada y de su sentimiento de "estar en casa". En esos momentos de angustia existencial profunda, la relación que uno mantiene con su mundo sufre un estremecimiento profundo. Pero no olvidemos que esta experiencia intranquilizadora de vacío y soledad no sucede, obviamente, "allí afuera": sucede dentro de nosotros, y no es necesario ningún estímulo externo ni para producirla ni para salir de ella; lo que se necesita es una intencionada búsqueda interior. Y es que cuando uno cae en sus propios "desiertos", el mundo aparece de pronto como un lugar extraño. Una escapatoria a esta extrañeza es dejarnos absorber por las diversiones que nos proporciona el mundo de la apariencias y de las fantasías. Pero el camino definitivo recorre sendas de enfrentamiento con la nada, porque frente a ella, nada ni nadie puede ayudarnos; es en este momento cuando experimentamos el aislamiento existencial en toda su plenitud. Continuaremos...

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