19.9.12

Creciendo juntos

Muchas veces lo que nos ocurre es que estamos ante una serie de monólogos que por su consecución tienen apariencia de diálogo. Pero detengámonos un momento: ¿sería posible estar siempre con otro cuando estamos en un encuentro con él, totalmente presentes? Es obvio que no. Por decirlo de un modo gráfico, uno tiene que comer mucho arroz blanco para poder apreciar y saborear una buena paella. El equilibrio no es fácil: sin los encuentros verdaderamente humanos entre un yo y un tú personales, el ser humano no puede vivir; pero el que vive solo en ese estado, no es humano. Es interesante citar en este punto una de las hipótesis fundamentales del trabajo de Maslow. Él afirma que el ser humano está orientado o hacia el "déficit" o hacia el "crecimiento". Sin entrar en el meollo de la cuestión, podemos afirmar que, según este autor, las personas motivadas por el crecimiento y los impulsados por la deficiencia mantienen diferentes actitudes en sus relaciones interpersonales. Los primeros son menos dependientes, están menos sujetos a los demás, menos necesitados de los elogios y el afecto de los demás, menos ávidos de recibir honores, prestigio y recompensas; no van buscando una gratificación continua de sus necesidades a través de la relación interpersonal y, a veces, sintiendo que los demás son un obstáculo, prefieren pasar solos algunos períodos. En consecuencia, la persona motivada por el desarrollo no se relaciona con los otros como fuentes de suministros, sino que tiene la capacidad de verlos como seres humanos íntegros, complejos y únicos. Desde la postura vital de crecimiento, el encuentro crea al compañero, le proporciona aceptación y realza su concepto de sí mismo, que, a su vez, contribuye a su propio desarrollo, recreándose, renaciendo en ese encuentro. En contraste con esto, la persona motivada por la deficiencia se relaciona con los demás desde el punto de vista de su utilidad. Aquellos aspectos del otro que no se relacionan con sus necesidades, se desdeñan olímpicamente o se consideran irritantes o amenazantes. Y el encuentro así no es posible: sobreviene la soledad.

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