27.9.12

Enamoramiento

Hemos dicho hasta ahora que  las personas tratamos de escapar del sufrimiento que sentimos por la soledad de muy diferentes maneras: diluyendo los rasgos más característicos del yo para fundirnos con otro; tratando de formar parte de un grupo una institución suprapersonal; tomando otras personas algo que nos hace sentir más grandes, más poderosos o más queridos, etc. La cuestión común a estos intentos y a otros a los que no nos hemos referido es que una persona no está verdaderamente con otra persona; más bien, suele emplearla para la consecución de alguna necesidad personal que no se ha explicitado en el encuentro. En lugar de una relación mutuamente enriquecedora, lo que se produce es una especie de monólogos que concluyen en una especie de amistad crónicamente insatisfactoria: algo así como una desviación en la relación personal que sólo es capaz de obstaculizar el desarrollo y acaba provocando sentimientos de culpa que sólo el tiempo logra acallar. Kierkegaard trazó un fantástico esbozo de cómo la seducción y abuso sexual por parte de un  joven resulta doliente: aunque logra sus objetivos, el seductor acaba pagando un elevado precio por sus desatinos, pues su vida se vuelve vacía y su espíritu se empobrece en una lenta pero inexorable caída. En este tipo de relaciones, uno está enamorado de la pasión; otro colecciona emociones y trofeos; otro aprovecha lo que le ha caído en suerte; mientras otros simplemente están enamorados de estar enamorados. Pero lo que ninguno hace es relacionarse auténticamente consigo mismo ni con los demás. En una relación amorosa madura, uno se relaciona con el otro con todo su ser. Si se retiene una parte de sí mismo, la relación está en declive y la insatisfacción se convierte en la señal de alarma que nos avisa de que hay algo que revisar. Camus era un maestro en el arte de pintar en sus novelas aquellos personajes que no aman, sino que fingen hacerlo para conseguir algún otro propósito ulterior, como puede leerse en su novela Una muerte dulce. Darse cuenta y no actuar asegura el sufrimiento y la soledad. Y lo habitual es que acabemos buscando desesperadamente ayuda en una relación.

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