14.9.12

Papel de estraza

Andamos todos un poco perdidos entre conflictos que, aún con su apariencia externa, responden a angustias internas que no alcanzan a obtener ninguna respuesta de su anfitrión. Tal vez el más trascendente sea el conflicto que nos crea la idea de la finitud personal. Sí... somos finitos y nuestra vida debe cumplir con su destino que no es sino su fin. Hay otro conflicto que atender: el provocado por la consciencia de nosotros mismos y que nos hace libres frente al hecho de no poder escapar de tal libertad. Todavía otro más: la persona está inexorablemente sola. No dedicaré ni una palabra a la soledad exterior pues suele venir de la falta de habilidades sociales, de la existencia de sentimientos conflictivos sobre la intimidad personal o de un determinado estilo de personalidad (narcisista, dependiente, controladora o crítica) que imposibilita la existencia de interacciones sociales satisfactorias. Tampoco me preocupa ahora el aislamiento al que sometemos algunas partes de nuestra persona como mecanismo de defensa para justificar, cuando menos, algunas experiencias desagradables cuyos efectos se envuelven en papel de estraza y se guardan en el baúl bajo llave y, así, escondérnoslos. La persona que se comporta de esta guisa queda fragmentada y las partes ignoradas se completan con algo externo con verosimilitud de propio. Así uno desconfía de sus propios criterios personales y entierra su propia personalidad bajo los de los demás. Y esta fragmentación dificulta en gran medida el desarrollo natural de la persona y nos hace sentir solos. Ahí la tarea ha de ser la de descubrir y aceptar partes de uno mismo que anteriormente se desconocían o que parecían inaceptables, para volverse a integrar. Pero por debajo de estos sentimientos -que suelen ser muy angustiosos y deben ser resueltos de algún modo para evitar la insatisfacción y la tristeza-, subyace un aislamiento básico que pertenece a la mera existencia, un aislamiento que persiste aunque se establezcan relaciones muy gratificantes con otros individuos y a pesar del conocimiento de sí mismo y de la integración que uno haya alcanzado. En su comprensión hallaremos el misterio del amor humano. Pero eso será asunto para otro día.

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