29.9.12

Sorteando la soledad (II)

La cuestión es que tendemos a comportarnos con todas las personas según un patrón de comportamiento semejante. A primera vista, pudiera parecer que no es así, que no nos comportamos de la misma manera en todas las relaciones que establecemos a lo largo de nuestra vida. Sin embargo, si miramos con un poco de detalle, nos podremos dar cuenta de que la estructura profunda de lo que realmente hacemos coincide. En este sentido, aunque muchas veces pensamos que la soledad es la consecuencia de algún problema en nuestra vida, considero que, precisamente ese problema, es lo que acaba siendo la consecuencia de la soledad. Como ya hemos dicho antes, no es difícil darse cuenta de que nos relacionamos con los demás con una función específica y que, en aras de esa función, sólo nos relacionamos parcialmente. Cuando sólo miramos una parte de los demás, sólo mostramos una parte de nosotros mismos, posiblemente para evitar que la persona con la que nos estamos relacionando acabe huyendo. Por ejemplo, tal vez hayamos establecido una relación recibir la atención y el cuidado que no tenemos; pero como vamos persiguiendo ese objetivo, adoptamos la pose que sea congruente para su consecución, aunque suponga mostrarnos sólo en parte; lógicamente sabemos que no nos estamos dando totalmente y queda una parte de nosotros mismos oculta a la otra persona: el problema es que lo que hemos ocultado, probablemente tenga que seguir oculto por el miedo a que el otro se vaya. Obviamente en una relación de esta naturaleza no conseguimos sortear la soledad al ser plenamente conscientes de que no nos estamos mostrando tal y como somos. Por tanto, para eludir la angustia de la soledad tendremos que observar atentamente cuál es la pose que adoptamos en nuestras relaciones y para conseguir qué fin, pues al entender y ser conscientes de estas respuestas nuestras, podremos ponerlas en común con nuestro interlocutor, lo que en definitiva incrementa la sensación de intimidad y confianza. O dicho de otro modo, probablemente no logramos la comprensión de los demás porque, al necesitarla demasiado, tenemos miedo de mostrarnos y provocar el rechazo. Así pues, en la profunda comprensión de cómo estamos en las relaciones que tenemos en el presente podemos encontrar un enorme filón para el trabajo personal.

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