23.9.12

Soy yo cuando tú me miras

Los niños suelen emplear la demanda incesante para satisfacer sus necesidades, buscando incluso el mero "¡Mírame!", como si sólo existieran cuando alguien está con ellos. A los adultos nos puede ocurrir lo mismo: podemos buscar la atención de otro para escapar de la sensación de soledad, cuando no de la de vacío en lo más profundo del propio ser. Al sentir que otra persona nos responde a la petición de atención, que nos elige y que nos aprecia, nos sentimos afirmados en nuestra identidad. Así, la baja estima personal y el miedo a la soledad acaban provocando la búsqueda de expresiones de aceptación de mi persona y podemos llegar a negar el auto-reconocimiento para buscar el reconocimiento de los demás: "existo en la misma medida en que tú piensas en mí", "soy yo mismo/a cuando tú me miras".


Esta actitud ante el sentimiento de incapacidad personal está condenada al fracaso, precisamente por la minusvaloración o por el miedo a no ser importante para nadie. Las relaciones que se gestan desde esta necesidad fallan con el tiempo porque no suelen transitar hacia actitudes amorosas, sino más bien evolucionan hacia una cristalización y bloqueo en lo que allí se ha gestado; aquella relación interpersonal sólo es una tapadera para la afirmación de la propia identidad y requiere de re-afirmaciones constantes. Tanto es así que podemos llegar a estar permanentemente distraídos en relaciones que sabemos que no sirven, pero que aparentemente son una buena solución a la sensación incómoda del miedo a la soledad: la búsqueda de explicaciones sobre por qué la relación no avanza, el recuerdo de momentos agradables, la planificación fantaseada de lo que sabemos que nunca llegará a ser real y el disfrute del momento sirven como realidad aparentemente verdadera. Estas relaciones pueden llegar a ser tan funcionales y recíprocas, que permanecen estables en el tiempo; aunque suspendan el desarrollo de quienes así se relacionan, porque cada uno de ellos se conoce y es conocido por el otro sólo parcialmente. Generalmente, uno de ellos se da cuenta de que el otro lo está utilizando y trata de buscar una pareja más satisfactoria. Pero como esto puede no ocurrir, entre otros motivos porque este tipo de relaciones interpersonales no sirve para resolver la soledad, la disponibilidad de quienes sucedaneamente me han servido hace que nos quedemos bloqueados en relaciones que incrementan, en última instancia, la sensación de malestar con uno mismo. En definitiva, la estima personal se va agrietando y resquebrajando poco a poco.

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