20.9.12

Viaje de ida y vuelta

¿Cuál es, entonces, la naturaleza del amor libre de necesidad? No me cabe duda de que, aunque no nos hayamos dado mucha cuenta, la angustia provocada por el miedo a quedarnos o sentirnos solos ha sido históricamente lo que todos intentamos evitar. Hay quien lo resuelve con una cierta actividad más o menos creativa (el arte, el trabajo, el estudio, la lectura, etc.); otros, por contra, buscan resolverlo viviendo estados de exaltación, cuando no de enajenación (las experiencias sexuales, el consumo de drogas, los deportes de riesgo, etc.); otros, por último, lo intentan por un buen ajuste personal a las costumbres y a las creencias del grupo de pertenencia. Obviamente, ninguno de estos intentos, por sí mismo, nos sacan de la soledad o de la sensación de soledad. Para Fromm, sólo el amor, ese al que nos hemos venido refiriendo como amor sin necesidad, puede consolarnos del dolor de la separación. Según este autor, "el amor maduro es unión con la condición de preservar la propia integridad, la propia individualidad... En el desarrollo individual del amor, se comienza por ser amado por lo que uno es, o mejor dicho, porque uno es. Más adelante, nos damos cuenta de que provocamos gestos de amor hacia nosotros a través de los actos de realizamos. A medida que el individuo se sobrepone al egocentrismo, las necesidades del otro llegan a volverse tan importantes como las suyas propias, va transformando gradualmente su concepto de amor y pasa de "ser amado", que implica dependencia y pasividad, a "amar", que implica actividad. Las personas que se quejan de soledad, de que nadie les quiere ni podría quererles están situadas en el "no soy amado"; pero el trabajo verdaderamente productivo es el que se lleva a cabo en su incapacidad de amar. En este sentido, el amor maduro -tal y como se ha descrito arriba- es un acto, no sólo un afecto pasivo; es dar, no sólo recibir. En el acto de dar, uno expresa y reafirma su propia vitalidad, es una expresión de fuerza y abundancia. Cuando una persona da, crea algo en la vida de la otra persona; y esa creación se refleja otra vez en él. Al dar verdaderamente, no puede evitarse el acto de recibir lo que se le devuelve. El dar hace que la otra persona dé también y ambos comparten la dicha de lo que han creado".

No hay comentarios:

Deja tu comentario: