1.10.12

Acercándonos

Volvamos sobre nuestros pasos. Resulta obvio decir a estas alturas que ninguna persona angustiada por su soledad quiere mantenerse en esa situación. Pero puede ocurrir que aquella angustia sea tan intensa que llegamos a evitar relaciones comprometidas en el tiempo buscando encuentros breves. Es una manera de evitarla. Por ejemplo, podemos intuir que una relación de pareja no tiene futuro y, sin embargo, mantenernos en ella para eludir la inquietud de quedarnos solos. Por otra parte, tampoco podemos asegurar que una relación, de amistad o de pareja, va a ser para toda la vida. En realidad, los individuos que eligen relacionarse sólo con unos cuantos amigos seleccionados, son probablemente aquéllos que, por su miedo a quedarse sin lo que ya tienen, sabotean toda posibilidad de nueva relación. Aquéllos que, por el contrario, son capaces de expandirse y aproximarse a los demás de una manera empática y verdadera, logran aliviar su angustia acercándose a los otros con amor en lugar de con necesidad, lo que les permite, además ampliar su vida interior. En consecuencia, es necesario que aprendamos a acercarnos a la angustia explorando los sentimientos de soledad y desamparo, porque aunque el encuentro interpersonal sirve para aliviar el aislamiento, en realidad no puede eliminarlo. Cuando gozamos de una relación íntima con otra persona, disfrutamos de esa intimidad y también conocemos sus límites: nos damos cuenta de lo que no llegaremos a obtener nunca de tal relación. Por eso, antes o después, habrá de aceptar la idea de que no hay "solución" para la sensación de soledad, aunque sea muy pequeña y poco visible. La solución pasa por enfrentarnos a ella e integrarla de algún modo en nuestra manera de ser y en nuestra vida. Por eso, la relación con otros es el principal recurso para atenuar el temor que produce. Pero, si logramos aceptar un poco esa sensación y mirar alrededor, podremos comprender que los demás se enfrentan al mismo problema. Y eso nos hará sentir compasivos hacia ellos y un cierto alivio en nosotros. El acercamiento compasivo y empático a los que tenemos a nuestro alrededor se convierte en el arma más potente para escapar de nuestra angustia por la soledad.


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