4.10.12

Comunicación y respeto

Por lo dicho hasta ahora podemos afirmar que la persona angustiada por la soledad intenta resolver su angustia buscando una "fusión" con otro. Para preparar dicha fusión, la persona puede mostrarse ingenua, o puede justificar el comportamiento de la persona con la que se fusiona aunque le disguste, o puede transferirle emociones vividas en otras situaciones. Todo ello configura las fantasías de las que ya hemos hablado en otro momento y supone una percepción falseada y moldeada de lo que en ese encuentro pueda estar sucediendo realmente; un comportamiento equívoco que no hace más que cristalizar la angustia, aunque momentáneamente se haya diluido por las emociones sentidas. En cualquier caso, lo que parece claro es que así no nos relacionamos con el verdadero yo, sino que usamos a la persona con la que nos fundimos para escapar de la sensación de soledad.


¿Qué podemos hacer frente a estas actitudes que todos mostramos en algún momento de nuestra vida y frente a las razones con que nos las justificamos? Sin ningún lugar a dudas, la comunicación, es decir, la habilidad para expresar lo que pensamos y hacer lo que decimos. Esta habilidad impide que el miedo a la soledad empuje a una persona a caer en un patrón de comportamientos restrictivos, como son los que mostramos en la búsqueda de encuentros para fusionarnos. Esta habilidad, independientemente de la reacción de las personas con las que elegimos encontrarnos, es lo que permite aclarar lo que sucede en dicho encuentro y así poder evitar los efectos colaterales de unas actitudes mutua y recíprocamente manipuladas y manipuladoras. Cuando en un encuentro dos personas logran "comunicarse" desde la verdad de sus corazones y de sus conciencias, podrán elegir y mostrarse actitudes amorosas uno al otro y viceversa, de manera que se cuenten quienes son y qué es lo que piensan y qué es lo que quieren en su vida, y no ocurra nada en su encuentro que les dañe, a uno de ellos o a ambos. Esto supone un verdadero interés por la otra persona, una actitud abierta para comunicarse abiertamente, la ausencia de intereses personales que obstaculicen dicha comunicación y una cierta disposición mental para comprender las actitudes, más o menos necesitadas, que pudiera expresar la otra persona. Por contra, si lo que hacemos en el encuentro es intentar convencer al otro de lo que yo quiero, estableciendo una lucha dialéctica para conseguir lo que yo necesito, entonces la relación se bloquea y la sensación de soledad se mantiene porque ambos sienten que no está habiendo respeto personal ni cuidado por la persona que es el otro.


No hay comentarios:

Deja tu comentario: