5.10.12

Contigo... soy otro yo

Comunicarse. Esa es la cuestión. El resto sólo es dejar salir a la persona que uno verdaderamente es. Y los demás nos satisfarán o nos frustrarán en nuestras necesidades, pero el encuentro será real. Al fin y al cabo, la frustración es mucho más llevadera que la soledad. Y en el encuentro real está la salud porque la verdad nos libera, nos hace libres. Una vez que aprendemos a relacionarnos profundamente con otra persona real, y no como un manojo de miedos y necesidades, el cambio ya está en marcha. En estos encuentros -insisto, satisfactorios o frustrantes-, por ser entre personas reales, aprendemos que todos tenemos un gran potencial de amor en nuestro interior y aprendemos a reconocer los sentimientos ambivalentes. Por decirlo de otra manera, una vez que aprendemos a relacionarnos desde nuestro yo verdadero y logramos decir lo que pensamos y hacer lo que decimos -lo que supone una estima personal positiva y respetuosa con uno mismo-, somos diferentes incluso ante nosotros mismos y cesan los autojuicios negativos. Al relacionarnos verdaderamente con una persona, sorteando aquellos sentimientos ambiguos procedentes de los miedos y las necesidades, aunque la relación no sea satisfactoria y sea temporal, la experiencia de intimidad permanece y se generaliza, pudiendo ser empleada con otras personas en futuros encuentros personales. Y esto es así porque el punto de referencia ya no son las actitudes de los demás hacia uno, sino uno mismo: el mundo interno de la persona se enriquece y se fortalece encontrándose con cada persona en función de los criterios personales y la naturaleza de la relación entre ambos, sin duplicidades, sin engaños, sin equívocos, sin intenciones ocultas, con todas las pretensiones expresadas. El yo se fortalece por la experiencia novedosa de cada encuentro sin miedo, incluso en la frustración de las necesidades. El hecho de poder contar a una persona los secretos más sombríos que uno tiene, sus pensamientos ilícitos, sus vanidades, sus penas, sus pasiones junto a su aceptación desde sus actitudes amorosas, constituye un acontecimiento extraordinariamente positivo y que nos permite seguir creciendo sanos aunque la relación no permanezca. Por esa razón, contigo... soy otro yo.

No hay comentarios:

Deja tu comentario: