9.10.12

No es una pose

Son muchos los estudios que demuestran que la empatía y el compromiso real de estar en el encuentro con otra persona nos alejan de la sensación de soledad, tanto si estamos en el lugar de quien escucha o en el de quien expresa. Si no nos alejamos de aquella emoción tan angustiosa es porque alguien en el encuentro está adoptando una pose que lo impide: no, no puede ser una pose empática ni un "actuar" comprometido. Eso supondría manipulación por parte de alguno de los interactuantes y eso es incompatible con una relación auténtica e íntegra. Sólo en los encuentros de verdad hay apertura al cambio y, por tanto, a la incertidumbre. Hace unos años aprendí en un seminario de psicoterapeutas que la mejor manera de no cambiar ni de facilitar el cambio en los demás es tener unas expectativas cerradas sobre el comportamiento de aquellos con quienes nos encontramos. Tanto es así que, en el caso de amigos -conocidos más bien- el encuentro carece de sentido puesto que uno de ellos, o ambos, ya saben lo que va a ocurrir y se suele elegir no encontrarse. Se requiere un cambio importante en la perspectiva: en lugar de anticipar el encuentro, dentro de un marco coherente con el pasado vivido con aquella persona -y alejarse uno del otro-, cabe luchar porque el encuentro sea auténtico, al menos, por parte de quien quiere escapar de la soledad. Obviamente, puede encontrarse con que el otro se aleje, si no se cumple con sus expectativas. Pero esto ya es una cuestión del otro. Sólo desde la vivencia plena en el encuentro, con apertura real y honesta hacia el otro cabe facilitar la apertura real y honesta en él. Para el encuentro se requiere la revelación de sí mismos como persona; no puede permanecer uno pasivo, desprendido ni escondido, con el objetivo de lograr lo que en ese momento necesita o desea. La comunicación a propósito de uno y del otro se torna imprescindible para que dicho encuentro sea enriquecedor en ambos sentidos.

No hay comentarios:

Deja tu comentario: