18.6.14

En el límite del contacto

Una manera de saber cómo estamos en eso de la autoestima supone observar las dificultades que tenemos para expresar claramente lo que ocurre en nuestro interior. La expresión de lo que nos pasa por dentro requiere, primero, conocerlo, y, posteriormente, deshacerse de algunos condicionamientos mentales -habitualmente inconscientes- que nos llevan a pensar que lo que nos ocurre es la verdad. Todos tenemos una manera de pensar "viciada" desde la infancia; de ahí la necesidad de conocer bien esas "manías". Supongamos ahora que conocemos lo que nos ocurre por dentro; a continuación tendremos que evaluar si podemos expresar con claridad y transparencia cómo somos, exponernos, ser vulnerables en la exposición y, por si no fuera poco, poner a prueba nuestro orgullo. Obvia decir aquí que la tendencia universal es dejar las cosas como están por miedo a molestar a los demás y por miedo a que los demás nos molesten a su vez si osamos decir la verdad. Y en nuestras interacciones estamos habituados a evaluar a los demás, juzgarlos y etiquetarlos sin revelarles nuestros propios sentimientos, sin atrevernos a expresar lo que verdaderamente somos. Así podemos encontrarnos el siguiente diálogo: "¿Qué te pasa fulano?... ¿Que qué me pasa? Pues mira, lo que me pasa es que tú eres un...".


"Es necesario aprender a hablar en “primera persona”, desde el yo, no desde el tú, a partir de nuestra propia experiencia vital, y a admitir que nuestras necesidades son, en sí mismas, legítimas. Sin embargo, esta legitimidad tiene sus límites: debe encontrar su expresión en la formulación de demandas negociables dirigidas a los demás, a no ser que decidamos quedarnos encerrados en una burbuja de egocentrismo [o de perfeccionismo, o de narcisismo, o de dependencias emocionales]. Porque, si bien todas nuestras necesidades son justas en sí mismas, no todas pueden ser satisfechas: han de encontrarse compromisos aceptables cuando se refieren a terceras personas (D´Ansembourg, 2003).


Para llegar a una verdadera comunicación con las personas, debe renunciarse a las guerras de poder, al miedo a mostrarse y la necesidad de enrocarse en posturas personales como filosofía de vida... hay que arriesgar la propia verdad. No hay intimidad con los demás sin intimidad con uno mismo, y no hay intimidad con uno mismo sin intimidad con los demás. Ahí es donde podemos encontrar lo social de la autoestima.

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