16.6.14

La calma y la tempestad

Todo va bien cuando la mar está en calma o cuando pensamos que lo está. Nada puede demostrar con más claridad, a mi modo de ver, aquello de "creer es crear": es fácil sentirse bien con uno mismo cuando estamos ante tareas fáciles o que a nosotros nos resultan fáciles. Pero la cosa cambia ante situaciones más delicadas; en estas otras situaciones, las personas, en términos generales, tendemos a considerarnos menos capaces. Sin embargo, incluso ante las primeras, las fáciles, las heridas de la autoestima nos pueden sacudir con fuerza. Por ejemplo, si hacemos fracasar a una persona en una tarea presentada como simple, o le hacemos creer que es rechazada, no sólo puede dudar de sí mismo, sino que tenderá a infravalorar a los demás, a ser más intolerante y más rígido que al principio (André, 2007). Así pues, partamos de esta primera idea: en la calma y lejos de lo difícil mostramos una fachada que puede acabar por revelarse, realmente, como una careta endeble ante la dificultad. Es, por tanto, ante el esfuerzo donde podemos vernos la capacidad de resistencia propia de nuestra manera de ser. Es ante situaciones vitales difíciles, donde podemos ver más claramente las insuficiencias de nuestra autoestima que, prácticamente en todas las ocasiones, conllevan enfado o miedo o sufrimiento. Y estas emociones son las puertas de entrada al autoconcepto, a la idea que tenemos de nosotros mismos y por tanto a la superación y crecimiento personal. Cuando se estudia con detenimiento este fenómeno, se observa rápidamente la correlación entre las dificultades en la estima personal y la mayor parte de la angustia psicológica en cualquiera de sus formas posibles.

¡Qué interesante la cuestión de la autoestima!... en cuanto dirigimos la mirada hacia nosotros mismos es fácil darse cuenta de lo débiles que somos ante la adulación de lo aparente, independientemente de lo tramposo que acaba siendo el adulador.

Bibliografía: André C. (2007). Prácticas de autoestima. Edt. Kairós, Barcelona.

 

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