14.6.14

Lo relevante de este asunto

La práctica clínica y, por supuesto, las conversaciones espontáneas que sobre nuestra intimidad acabo teniendo con colegas y amigos, me han llevado a iniciar este blog, con la intención de estimular la reflexión acerca de quiénes somos, aunque en ocasiones nos preguntemos para qué sirve eso de pensar.

No somos pocos quienes ante las preguntas ¿cómo estás?, o ¿cómo te sientes?, apenas podemos responder bien, o mal, o simplemente normal. Y, sin embargo, los afectos -estados de ánimo, sentimientos, emociones o pasiones- son, a mi modo de ver, las referencias que usamos para cada una de nuestras tomas de decisiones cotidianas. ¿No es esto ilógico? ¿Cómo puede ser que los elementos que usamos para tomar nuestras decisiones -probablemente las más importantes de nuestra vida- apenas los conozcamos o seamos conscientes de ellos? Como se afirma en el prólogo (José Pedro Manglano) de un singular texto sobre autoestima (Polaino-Lorente, 2003), "el desenvolvimiento y desarrollo de los jóvenes, el crecimiento personal, la motivación en el trabajo, la formación del ámbito afectivo, el enamoramiento y la madurez en la vida conyugal, la formación de expectativas y el nivel de aspiraciones de las personas, dependen en gran medida de cómo se vive la autoestima". Sin duda alguna, la autoestima esta relacionada con mucho de nuestro sufrimiento, de nuestra angustia.

Lo obvio en todo este asunto es que la autoestima es algo que se da sin más en todos y cada uno de nosotros. Y se da con un contenido y una tonalidad personales: quiero decir con esto que resulta inevitable mirarnos y ante esa mirada propia tomamos una posición personal. Tanto es esto así que, en ocasiones, pasamos nuestra vida intentando que nadie nos vea como nos vemos a nosotros mismos... precisamente para que no se sientan como nosotros nos sentimos: la ocultación se convierte en una necesidad. Es por esta razón por la que, como se afirma en el prólogo del libro citado, "es preciso articular la vida íntima con la vida social, tender un puente que una la propia orilla del presente, en que nos encontramos, con la del pasado, en donde tal vez están asentadas y un tanto agostadas nuestras propias raíces. Esta articulación o ensamblaje precisa de la memoria, de la memoria acerca de quién es uno mismo. Sin ella la propia identidad deviene en vida fragmentaria, los proyectos en meras ilusiones, el azar en necesidad, la realidad en fingimiento y simulación y las numerosas posibilidades de cada persona en mera indefensión e imposibilidad". De aquí lo relevante de este asunto.

Bibliografía: Polaino-Lorente A. (2003). En busca de la autoestima perdida. Desclée de Brouwer, Bilbao.

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