21.6.14

Luz en lo opaco

No es infrecuente darse cuenta en la consulta psicológica de cuánto ignoramos nuestra manera de estar en el mundo y su influencia en nuestra estima personal. Sin ese conocimiento es muy fácil perderse en el camino de la vida. Y por esa razón acabamos eligiendo un puñado de comportamientos que nos sirven como balizas que nos van indicando la dirección por donde tenemos que ir: "Yo soy así" es la respuesta más habitual a la pregunta ¿por qué haces eso? Y ese "yo soy así" se convierte en el precepto que tenemos que cumplir. ¡Qué curioso, ¿verdad?! Y todo eso en defensa de nuestra libertad, cuando no deja de ser una justificación, un mecanismo de defensa tras el que nos acomodamos. Y funciona, ¡vaya que si funciona!... pero sólo hasta que nos produce sufrimiento... En ese momento ya estamos atrapados en un callejón sin salida: si intentamos cambiar, dejamos de ser nosotros mismos, y si no cambiamos sigue el sufrimiento. Desde luego que queremos ser nosotros mismos y no nos damos cuenta de que nos hemos metido en ese conflicto por el que, elijamos lo que elijamos, nos sobreviene estrés porque poco a poco la desorientación y el no saber qué hacer con nosotros mismos es mayor. Puede que "lleguemos a encontrarnos con otras personas al calor de un diálogo que nos une y nos lleva a compartir la intimidad entre nosotros pero, al mismo tiempo, no somos capaces de encontrarnos con nosotros mismos [...]. Estas circunstancias son las que hacen que la mayoría de nosotros vayamos en busca de la autoestima perdida" (Polaino-Lorente, 2003). La autoestima tiene sentido porque no puede ignorarse, es decir, no podemos dejar de mirarnos a nosotros mismos. Si nos paramos de la actividad cotidiana, aún sin querer, ahí está la mirada propia. Por esa razón estamos hiperactivos... para no mirarnos... Pero cuando no mirarnos nos puede llevar a un callejón sin salida, entonces no tenemos más remedio que volvernos a mirar. Como se afirma en el texto citado, "hay que entrar en ese recinto, opaco para los demás y para sí mismo, dispuestos a abrirse a la luz del conocimiento que allí reside, de manera que la persona encuentre la verdad de su vida [aunque no le guste]. Y que, en lo que se encuentre, deje de ser rehén de su propia ignorancia, se recobre a sí mismo y pueda comunicarse a otros".

 

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