2.7.14

¿Espejos o referencias?

 

De todo lo dicho hasta ahora se puede deducir que es necesario conocernos: conviene que sepamos cómo funciona nuestro pensamiento y cómo tendemos a tratarnos, sobre todo cuando vamos con el automático puesto. Pero ¿cómo podemos acercarnos a este conocimiento? Está muy de moda últimamente la práctica de la atención plena, ejercicio muy conveniente para un primer acercamiento al propio yo. Sin embargo, la mera observación acerca de nuestro yo no es la única fuente de conocimiento personal: mirarse y reflexionar sobre cómo somos es necesario pero no es suficiente. Si nos quedamos en la observación y reflexión interior a propósito de lo que nos ocurre como única fuente de información podemos caer en la adopción de soluciones creativas a los problemas de ajuste personal más propios del narcisismo o del autodesprecio. Nuestro ser social requiere para su propio ajuste la confirmación en referencias externas, cuando no la confrontación con ellas. "La inteligencia que se dirige directamente al propio conocimiento no debe trabajar en el vacío, porque se queda sin referentes, sin razones acerca de lo que es o no conveniente hacer, [porque todos estamos inmersos] en un contexto habitado por referencias imprescindibles; se aprehende el yo en lo que la persona piensa, dice, siente o hace. Pero ese pensar, decir, sentir o hacer no está descontextualizado, sino que se presenta, entonces, en una situación en que los otros están siempre presentes y hacen que la persona se sienta responsable de ellos y, por eso, responsable también de sí misma" (Polaino-Lorente, 2003). De ahí que, cuando no nos damos cuenta, volvemos una vez y otra a aquellas maneras acostumbradas de estar en nuestro mundo; a menos que pongamos esfuerzo por mirar cómo pensamos, cómo decimos lo que decimos, cómo sentimos y cómo hacemos lo que hacemos, las respuestas automáticas e inconscientes se hacen con el control de la situación.


Nos fijaremos aquí en el mundo afectivo, en nuestra manera de sentirnos con nosotros mismos justo cuando estamos ante nuestras referencias externas. Porque es ante los demás donde aparecen "los fantasmas" que nos despistan y hacen saltar el piloto automático.Y, frente a esos espejos, necesitaremos una buena dosis de aceptación serena de cómo estamos instalados en nuestra vida. Al fin y al cabo, cuando hablamos de no tener buena estima personal es porque nos influye en esa manera peculiar e idiosincrásica que tenemos de estar en nuestra vida. Si no fuera así, esta cuestión no nos importaría en absoluto.


 

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