31.3.16

El encuentro es posible

Son tan claras las convicciones que tenemos -incluso la convicción de la duda cuando es el caso-, que solemos caer en la trampa de pensar que, cuando algo no está como nos gusta, son los demás quienes tienen que cambiar, en lugar de trabajar en el propio cambio. Veamos cómo nos sucede eso.

¿Qué nos hace llegar a decir que algo no está como nos gusta? Si pensamos que algo no está como nos gusta es porque estamos sintiendo una emoción desagradable en esa situación. Y esa emoción desagradable no es más que la reacción personal ante la valoración racional que hacemos de dicha situación. Hasta aquí lo obvio. Lo que ocurre es que, por costumbre, tendemos a querer modificar el comportamiento del otro porque así cambiaremos nuestro juicio de la situación; y esto con la ilusión de que este nuevo juicio cambiará la emoción desagradable por una agradable. El problema es que este proceso lo realizamos sin llegar a expresar, en la mayoría de los casos, aquellos sentimientos que han provocado la necesidad de convencer al otro de que debe cambiar su comportamiento; y, en muy poquitos casos, siquiera expresamos lo que pensamos.

La paradoja de la sociedad actual es que cada día somos más individualistas y, al mismo tiempo, cada día tenemos más dificultades para expresar desde el yo, en primera persona, la vivencia sentida; manipulamos para conseguir nuestras necesidades sin llegar a reconocerlas abiertamente, para cambiar nuestros sentimientos sin haberlos mostrado. Caemos en absurdas guerras por ganar “la razón” y nos “desangramos” de tristeza o enfado. ¡Quién sabe qué miedos andarán pululando por debajo de lo expresado en esa guerra por tener la razón!

En el punto medio está la virtud: tan humanas son nuestras necesidades, como imposible su completa satisfacción cuando dicha satisfacción depende de otra persona. Ni el individualismo egocéntrico, ni el olvido de uno mismo. La tarea es aprender a expresarse con respeto al otro y aprender a escuchar y atender al otro con respeto a uno mismo, con la pretensión de llegar a compromisos válidos por y para cada una de las personas que quieren relacionarse de alguna manera. En definitiva, se trata de dejar a un lado las relaciones personales desde la guerra por ver quién tiene la razón y arriesgar la propia verdad. Habrá verdadero encuentro personal si conseguimos expresarnos uno al otro lo que realmente pensamos y sentimos.

2 comentarios:

  1. De acuerdo con todo, ahora bien, yo me pregunto: Poe qué nos complicamos tanto la vida cuando puede ser mucho más sencillo todo?
    Gente de mi entorno lo define así:" cariño partamos de la base de que yo te quiero muchísimo, y dicho esto, no todo tenemos por que hacerlo juntos "

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  2. Cada día que pasa voy aprendiendo un poco como controlar mis emociones. Sobre el todo las negativas. Gracias Pedro

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