21.3.16

Mirando en positivo

Toda profesión tiene su talón de Aquiles. Y la de psicólogo no es, en ese sentido, una excepción: hoy en día disponemos de muchas herramientas con las que ayudar a las personas a superar sus dificultades y a sentirse mejor en sus vidas. El problema se presenta cuando intentamos generalizar los logros. Por usar un símil médico, puede que la psicoterapia pretenda ser considerada como una vacuna que impide que enfermemos de una enfermedad concreta, cuando, en realidad, en la mayor parte de los procesos psicoterapéuticos apenas curamos una “gripe”, lo que no impide que volvamos a coger otra. O por usar otro símil, deportivo en este caso, no por estar en plena forma física y ganar un campeonato, la forma física se mantiene sin más y se siguen ganando campeonatos. Ahora bien, del mismo modo que se puede disfrutar practicando algún deporte sin llegar a ganar ningún campeonato, o se puede sanar de una gripe y sentirse bien hasta que venga el siguiente virus, del mismo modo podemos aprender a utilizar aquellas herramientas psicológicas que nos permitan disfrutar de un cierto bienestar o salir con agilidad del malestar emocional provocado por una situación puntual.

Nuestra “pauta medicamentosa” o nuestro “plan de entrenamiento” descansa sobre dos actividades básicamente: de una parte, la reflexión sobre lo que ocurre en nuestro pensamiento y a nuestro alrededor -ver si estamos en el rumbo correcto-; de otra, la puesta en acción de las medidas necesarias -cambiar o no la posición del timón-.

En esta sección del blog iré proponiendo las herramientas que la Psicología Positiva ha desarrollado en los últimos años de investigación. Como se verá son ideas muy sencillas, que el sentido común de cualquiera de nosotros habría propuesto de habernos parado a pensar. La parte ardua viene, precisamente, de su aplicación a las circunstancias personales de cada uno. Pues bien, para ayudar en esa aplicación práctica, propondré algunos ejercicios concretos que provoquen la reflexión y, desde ella, una mejor comprensión de uno mismo y del mundo que nos rodea. Quizás, el alcance de determinados grados de comprensión también provoque un cambio en la acción hacia el bienestar personal, familiar y comunitario.

Para ir calentando la musculatura, bastará con que sentados en una posición cómoda, cerremos los ojos y dejemos que el pensamiento deambule allá por donde quiera. Sugiero que observemos hacia dónde se dirige nuestro pensamiento cuando lo dejamos vagar libremente. Y, siguiendo el consejo que Julia Cameron ofrece a los escritores, hagamos de este ejercicio nuestras three morning pages. Y si alguien se anima con la meditación, un buen comienzo es leer el texto de Pablo d´Ors, Biografía del Silencio, Edt. Siruela, 2015).

2 comentarios:

  1. Observar a nuestro pensador... buen ejercicio. A ver con qué nos sorprende!! 😊

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  2. Y después de observarlo, darnos cuenta de que no es más que una herramienta a nuestro servicio.

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