11.4.16

A garrotazos

He llegado hasta aquí por mí mismo, lo sé, pero ahora me doy cuenta de que realmente no quería venir. Aún así, sé que he sido yo quien me ha traído hasta aquí”.

Como ya se ha dicho en uno de los últimos textos de este blog -nunca dejaré de reflexionar sobre esta idea por la fuerza que tiene para mí-, a lo largo de la vida hemos pagado muy caras las ilusiones mentales (a mí me gusta llamarlas «fantasías»), y ninguno de esos costes nos ha dado la tranquilidad interior anhelada. Resulta curioso darse cuenta de que pasamos los primeros años de nuestra vida intentando aprender a defendernos de las amenazas del exterior, que para resolver esa tarea, desarrollamos unos «fantásticos» mecanismos de defensa; que luego estamos un buen puñado de años viviendo con esos mecanismos de defensa sin percatarnos de que nos impiden ser nosotros mismos; y, cuando lo advertimos, nos toca trabajar con esfuerzo para dejar a un lado aquellos artilugios y comenzar a expresarnos desde nuestra verdad. 

Pasamos por mil encrucijadas que tomamos como normales, como meras circunstancias que la mayor parte de las veces se resuelven con poca o ninguna reflexión. Ya se sabe: si no elegimos, estamos eligiendo la no elección. Así que, lo mejor será que tomemos con responsabilidad cada paso en nuestro camino, pues si no nos damos cuenta de que constantemente estamos tomando decisiones, de alguna manera tampoco nos damos cuenta de que podemos mejorar nuestra vida. Por mucho que insistamos en escondernos tras la idea de que nuestros pensamientos, actos y sentimientos son inevitables, siempre tenemos elección. Sería tonto por mi parte argüir que la situación en la que nos encontramos está completamente bajo nuestro control: no, no es así. Hay muchas de las circunstancias exteriores que nos vienen dadas. Pero igualmente tonto sería decir que estamos completamente al albur de ellas.

Todos, con independencia de dónde nos encontramos, podemos hacer el esfuerzo consciente de buscar otras posibilidades dentro y fuera de nosotros. Y cuando vamos más allá de nuestra forma habitual de ver las cosas, muchas veces nos sorprende la cantidad de posibilidades entre las que podemos elegir. Como ejercicio de lluvia de ideas, piensa cómo resolverían no menos de cinco personas que conoces la cuestión que ahora se te presenta. Verás como hay más posibilidades de las que piensas. 

Esta libertad de elegir entre lo que está a nuestra disposición, nos hace de algún modo co-creadores de nuestra realidad. Si no nos atrevemos a intentar tener una vida tal y como realmente nos gusta, la vida misma se encargará de ir dándonos las oportunidades para que lo hagamos. Como he leído recientemente, primero el universo nos susurrará al oído lo que necesitamos; si no atentemos, nos toca en el hombro; y si seguimos sin atender, entonces nos persigue a garrotazos.

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