29.4.16

Actitudes "generosas"

Decíamos la semana pasada que una de las alternativas para conseguir encontrarnos pacíficamente con los demás es no ocuparse de los intereses propios e ignorar las emociones que dicha renuncia nos provoca. Eso -enfatizábamos entonces-, supone mucha agresividad y violencia hacia uno mismo. Subamos hoy un escalón más de esta escalera: ¿De dónde surge dicha agresividad? Unas veces esta agresividad es consecuencia directa de las dificultades que tenemos para expresar lo que nos ocurre; otras, por contra, es una manera de expresar la frustración, emoción que casi nunca somos capaces de manifestar, bien porque no hemos aprendido a hablar de nuestra vida interior, bien porque no nos lo han enseñado o no nos han permitido expresarla.

En el primer caso, el hecho de no haber aprendido a hablar de nuestra interioridad puede ser porque necesitamos alejarnos de nosotros mismos para estar en la correcta escucha de los demás: de alguna manera se nos ha educado en que lo propio es menos importante y hay que estar por y para los demás, y no hemos caído en la cuenta de que esta actitud "generosa" no tiene por qué excluir la atención y el cuidado personales. Puede que nos hayamos creido que para que nos acepten tenemos que hacernos a un lado. Resulta evidente que este alejamiento de quienes verdaderamente somos, esa manera de no ser nosotros mismos para poder estar tranquilos con las personas con quienes nos encontramos, nos pasa factura y, con frecuencia, solemos aceptar su pago: la consecuencia de esta cesión reiterada por la ilusión puesta en el encuentro, puede ser un bloqueo emocional, cuando no sufrimiento psicológico. El bloqueo no es más que la tensión resultante entre la necesidad de tener que salir de la situación, con la pérdida del encuentro que eso supone, y la esperanza porque la situación se arregle. Considero que la persona ha de encontrarse a sí misma y crecer desde su interioridad -al mismo tiempo que procura encontrarse con lo que le rodea-, para alejarse de viejos hábitos y condicionamientos aprendidos, como por ejemplo el miedo al juicio del otro.

Para hablar del segundo caso, del hecho de que no nos hayan permitido hablar de nuestra interioridad, sugiero la lectura de la entrevista realizada a la psicóloga Olga Carmona y publicada en el periódico ABC el 7 de marzo de 2015: http://www.abc.es/familia-padres-hijos/20150307/abci-gema-lendoiro-sabado-201503061349.html

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