18.5.16

A borbotones

Parece que el pensamiento vibra a una frecuencia muy diferente a la de la vida emocional, como si no tuviera nada que ver uno con la otra. No sé si esta diferencia es aprendida o es natural. Cada uno lo habrá vivido de manera personalísima. Yo aprendí que hay que estar pendiente de los demás y también aprendí que toda expresión de mis anhelos, de mis necesidades o de mis pensamientos eran muestras de mi egoísmo, egoísmo que fue prontamente censurado -como si el bien común tuviera que excluir el bien personal, cuando, para serlo, ha de incluirlo-. Sin duda aprendí bien. Tan bien lo aprendí que cuanto conformaba mi mundo emocional fue quedándose oculto; y, en el peor de los casos, cuando su intensidad provocaba que la emoción saliera a la superficie descontrolada y a borbotones, dicha expresión no era más que fuente de vergüenza al cuadrado, pues sentir vergüenza me resultaba en sí mismo vergonzoso.

Desde entonces puede que ocurriera lo que sigue: de una parte que crecí con la idea de que madurar supone apartarse de las emociones sentidas que son molestas a los ojos de los demás; y, de otra parte, aprendí que para obtener lo que necesito de los demás, he de hacer lo que ellos quieren porque si “soy yo mismo” me puedo quedar solo -y eso es peor, evidentemente-. La actitud contraria habría supuesto hablar de muchas emociones que apenas podía nombrar, porque he transitado por momentos de tristeza, por ratos de enfado y, casi constantemente, por una ligera sensación de miedo que -según sé hoy- suele desembocar en culpa y en vergüenza. De esas emociones no sabía hablar, ni probablemente se podía, y, como consecuencia, aprendí a vivir sin darme cuenta de ellas.

¿Te das cuenta de lo importante que es conocer tu mundo emocional? Como ya he dicho antes, lo que sientes te está informando sobre lo que ocurre en tu interior, sobre lo que te preocupa a nivel poco consciente y sobre lo que necesitas para estar tranquilo y en paz contigo mismo y con el mundo que te rodea. Tenemos a nuestra disposición un fabuloso vocabulario para expresar, hasta con matices finísimos, qué es lo que estamos sintiendo. Pero aquel aprendizaje autodidacta del que venimos hablando apenas nos permite hablar de un puñado de emociones que, además, suelen permanecer ocultas a la consciencia. Es necesario el conocimiento del mundo emocional a nivel verbal de manera que nos permita expresar lo que a nivel no verbal mostramos incluso sin pretenderlo. Sólo desde el conocimiento se puede tener capacidad para el cambio de rumbo.

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