9.5.16

Gigantes de brazos largos

Hablar del enfado y de dar un paso atrás antes de dejarme llevar, me ha hecho pensar en la importancia de la relación que tengo conmigo mismo y del diálogo tan peculiar que establezco en mi mente ante cualquier acontecimiento de mi vida, tanto más ante aquéllos que me provocan malestar. Es cierto que a lo largo de nuestra educación apenas hemos recibido la información necesaria para comprender que las emociones son fundamentalmente las señales de que algo no está bien en nuestro interior, y no la consecuencia de algo que sucede a nuestro alrededor. Nuestra vida a nivel emocional apenas ha recibido formación ni orientación, aunque considero que recibirla no puede ir en perjuicio de la instrucción académica. No aprendí ni llegué a comprender que las emociones nos informan de gran parte de lo que nos pasa y permanece inconsciente. Y no habiéndolo aprendido, aunque ahora puedo comprender lo que escribo, sé que en mi vivencia real me cuesta tenerlo en cuenta y actuar en consecuencia.

¿Qué es lo que puedo encontrar si me paro a mirar hacia dentro? Del mismo modo que cualquier otro aspecto de la vida, ser básicamente autodidacta me ha llevado a aprender con muchos “vicios” en mi manera de procesar todo lo emocional. Me paro y veo el constante chorreo de juicios, condicionados en gran medida por prejuicios, inferencias arbitrarias y esterotipias, adobados por una buena dosis de pensamiento dicotómico que me hace entender la vida en términos de “blanco y negro” -sin darme cuenta de que todo tiene matices-, y una tendencia aguda y pertinaz a no admitir fácilmente mi propia responsabilidad en lo que siento. Y no quiero meterte el dedo en el ojo, pero lo probable es que tus “vicios” de pensamiento sean similares.

Me doy cuenta de que, aparte de ser muy fácil enfadarse cuando algo no está como a mí me gusta -aunque siempre podré dar un paso atrás y comportarme con “educación”-, tengo tendencia a pensar que algo de afuera está mal si yo siento malestar. Conviene que me pregunte una y otra vez qué tiene que ver conmigo este enfado -esta emoción- que ahora estoy sintiendo, qué sentido tiene para mí en mi vida. De otro modo, seguiré pensando en gigantes de brazos largos cuando sólo hay molinos.

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