11.5.16

Hasta el corvejón

He de acordarme de que puedo elegir. Siempre. No es fácil acordarse. Se me pasa justo cuando más lo necesito. Y fíjate bien en estas palabras: no es un privilegio sólo mío. Tú también puedes elegir. Siempre.

¡Qué absurdo es darle vueltas a las cosas cuando ahora no puedo resolverlas! Solía llevarme trabajo a casa. Muchas veces usé la vieja estrategia de consultar con la almohada, como si la almohada fuera a darme alguna respuesta. Ahora sé que era y es un intento de buscar en esos momentos en que más relajados estamos, posiblemente en esos minutos previos a caer dormidos, la idea feliz que resuelva la inquietud que nos inunda el pensamiento. Y ahora sé también que esa idea feliz estaba acertada muchas de las veces. ¡Qué pena no haber mirado bien lo que veía cuando bajaba la guardia!

Pero no me siento triste. Manifiesto que era mi derecho “estar ciego” en aquellas ocasiones en que, habiendo “metido la pata hasta el corvejón”, no me di cuenta de que me había equivocado. Ahora veo que lo que más daño me hizo fue, sin duda, la “terquedad” del que, conociendo que está en un error, no cambia. Hoy veo que darle vueltas a las cosas no hizo más que mantener en mi pensamiento un problema. Y mantener un problema en mi pensamiento, visando y revisando una y otra vez las premisas del asunto en cuestión, con la esperanza de que esa reflexión me ayudara, fue una equivocación. La reflexión reiterada, cuando no podía dar con la solución al problema, se convirtió en parte del problema. Hoy ya puedo verlo. Y elijo cambiar. Elijo tomar una decisión preliminar, o escribir, o preguntar, o ventilar la habitación de mis cavilaciones con el aire fresco de las opiniones de personas de mi confianza, o cualquier otro camino de aparente utilidad y validez. ¿Tú que eliges? Prueba al menos escribir, poner por escrito lo que piensas de eso que tanto te inquieta. E intenta mirarte con ternura si te bloqueas. Ya habrás avanzado un poco.

Y entretanto llego a mi solución y tú a la tuya, empleémonos a fondo en aquellas actividades que nos hacen sentir bien, aunque dejemos por el momento el asunto inconcluso. Porque es de tercos usar la vía que nunca sirvió. Yo, ahora, elijo tomar otro camino.

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