5.5.16

Justo antes

¡Qué fácil es enfadarse! Basta con que hagas algo que no me gusta y te muestro mi enfado: puedo mostrar seriedad, o dejarme llevar por el desánimo; tal vez disimule un poco para que no se me note porque tengo un poco de miedo a que se me vea; o, tal vez me atreva a juzgarte o menospreciarte porque así te gano siempre… Lo que ya no es tan fácil es darme cuenta de que no es contigo con quien me enfadé, ni he sido capaz de mostrarlo en la intensidad adecuada, ni era el mejor momento para decirte lo que te he dicho, ni lo he hecho de la manera que a ti te habría servido de algo más que para sentir dolor… ¡qué fácil es enfadarse! 

Sentir emociones intensas es normal. Ahora bien, conviene frenar en seco cuando notamos ira intensa porque las consecuencias de dejarse llevar en ese caso pueden ser peores que si no la expresamos. Del mismo modo que un dolor de cadera puede ser reflejo de una mala pisada, la expresión del enfado puede no estar siendo dirigida a la persona que nos lo ha provocado. Hay que darse cuenta de que siempre podemos decidir cómo expresar nuestras emociones: podemos reaccionar en el momento en el que notamos el subidón de adrenalina, o podemos parar justo antes de esa reacción y esperar a podernos expresar con mesura.

No puede obviarse que nos comportamos más adecuadamente cuando somos dueños de la situación en la que nos encontramos. Por el contrario, si nos dejamos llevar por lo que sentimos, nuestro comportamiento responderá más al instinto de supervivencia que a la racionalidad. Dejarse llevar por lo que sentimos en cada momento suele traer consecuencias no deseadas. Y todos hemos tenido la querencia de volver atrás en el tiempo y cambiar lo que hemos dicho o hecho. 

Vale la pena que conozcas bien tu manera más propia de “expresarte mal”: conocerse es capacitarse para no reaccionar, para no dejarse llevar ni verse sobrepasado por las emociones. Ser plenamente consciente de lo que sentimos y de qué nos están informando esas emociones, nos permite actuar con mucha más responsabilidad; es decir, justo antes de reaccionar, parar a pensar y decidir lo que verdaderamente nos conviene.

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