19.5.16

Una de postureo

El pensamiento determina las emociones; es decir, el contenido concreto de nuestros pensamientos de este momento hace que nos sintamos como nos estamos sintiendo ahora. Por tanto, si lo que queremos es tener emociones agradables, basta con que pensemos en cosas, situaciones o vivencias agradables. Fácil, ¿no? Ciertamente, quienes tienen un gran control sobre su pensamiento, son capaces de menguar considerablemente las emociones negativas cuando éstas se presentan. Pero, para la inmensa mayoría de nosotros, el control del contenido de nuestros pensamientos nos resulta complicado, cuando no imposible. De ahí todas las industrias humanas desarrolladas para “sentirnos bien”.

Aunque sólo es una pequeña ayuda -y confieso que la primera vez que me hablaron del asunto me resultó difícil de creer-, hay algo sencillo que podemos hacer y que influye en nuestra manera de pensar: me refiero a la postura corporal. Hace muchos años, un buen amigo que se dedicaba a algo así como la venta de productos por teléfono, me explicaba la importancia tanto de la vestimenta que usaba cuando se ponía delante del teléfono para comenzar a trabajar, como de la postura corporal que adoptaba antes de marcar cada número de teléfono. Obviamente estaba en un cuarto de su casa donde nadie podía verle.

Diversas investigaciones en el ámbito de la psicología, entre las que cabe destacar el trabajo de N. Branden, han demostrado que la postura determina la sensación de confianza, de fe en lo que uno está haciendo y en la estima personal. De hecho, son abundantes las publicaciones sobre los gestos y las posturas, con independencia de lo que expresamos con las palabras, y su influencia en la comunicación. Lo que vengo a expresar aquí es que, como consecuencia de nuestra postura, la actitud de los demás hacia nosotros también cambia: si nos mostramos apocados, la actitud de los demás puede hacer que pensemos sobre su consideración negativa de nuestra persona y que nos sintamos inferiores. Si nos mostramos naturales y tranquilos y confiados, la actitud simpática de los demás nos ayudará a pensar en nuestra valía y a sentirnos más confiados en nosotros mismos, lo que contribuye y redunda en una mejor estima personal. 

No son más que pequeños apoyos: a mi modo de ver uno mismo puede salir de un pensamiento negativo que ahora nos esté molestando. Pero como no solemos estar entrenados en resiliencia, tal vez convenga echar un vistazo a la postura que adoptamos. Imagina cómo puedes llegar a sentirte si además haces algo por incrementar tu flexibilidad y tu actividad física. Son sólo pequeñas cosas que pueden ayudar a sentirte mejor.

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