14.7.16

Deseo de coincidencia

Después de lo hablado hoy, me doy cuenta de que en nuestra conversación no ha habido un encuentro real. Como bien has dicho, ni siquiera era necesaria tal conversación. Cada uno ha ido a lo suyo: tú a defenderte porque no soportas que haya cosas feas en tu vida y yo, una vez más, a buscar tu validación para sentir que soy digna de que me amen. 

Me voy a quedar ahora en lo mío y nada diré de lo tuyo porque decir algo significaría alargar con un asalto más esa lucha de poder que librábamos antes.

¿Qué me ha dolido realmente? Pudiera parecer que me ha dolido no encontrar esa validación por tu parte. Pero no; lo que realmente me duele es no ser capaz de dármela yo a mí misma. Nadie puede dar sentido o valor a mi vida si no se lo doy yo. Cuando decimos que no hay nada ahí fuera nos referimos a esto. Todo tiene que ser de dentro a fuera. Mi padre, en su no quererme, en realidad no existe para mí; tú, en tu no quererme, para mí tampoco existes. Para mi mente, sólo existo yo. Y ahí es donde puede aparecer el dolor. Si vivencio un yo, eso sí que es real; y si a ese yo no lo quiero, eso sí que duele… ¡y cómo duele! Ése es mi auténtico dolor, una señal de mi yo anhelante que no llega a creerse que merece ser querido sin más, simplemente por cómo es y por existir. Es totalmente imprescindible llegar a la conclusión de que sólo yo puedo apreciar el valor que tengo. Todo lo demás es un gasto de energía tan grande que me deja exhausta. Y que no me deja disfrutar de la vida.

En cuanto a nosotros, probablemente bastaría con que nos respetáramos absoluta y escrupulosamente en nuestra manera propia de ser y en nuestras decisiones para con nosotros mismos, siempre y cuando no nos defraudemos en lo que verdaderamente nos une, que es el amor entre tú y yo, independientemente del apellido que le pongamos a ese amor: de amistad, de pareja, etc. Y precisamente por ese amor que nos une, podríamos poner toda la intención en vivir por un objetivo común, el propio de la relación que pueda llegar a haber realmente entre nosotros. Pudiera ser que en esto sí que coincidiéramos y, entonces, sería hermoso. Fíjate... creo que el deseo de esa coincidencia tiene algo que ver con lo que queremos decirnos cuando, sin apenas conocernos, nos decimos “te quiero”.

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