21.11.16

Conferencia sobre Personas con Alta Sensibilidad


Estimados amigos, 

El próximo día 2 de diciembre, a las 17:30 horas, se celebrará en el salón de actos de Cajamar, sito en el nº 1 de la calle Miguel Íscar de Valladolid (junto a la Plaza Zorrilla), bajo el título “¿Eres una persona altamente sensible?”, una conferencia impartida por Karina Zegers de Beijl, con la que iniciamos, con gran ilusión y en nuestra ciudad, la andadura de nuestro Grupo de Estudio para el análisis y la ayuda especializada a las personas con este rasgo de personalidad, tan frecuente como poco conocido pese a estar presente en el 15-20% de la población.

El rasgo de la alta sensibilidad fue descubierto en los años 90 del siglo pasado a raíz de las investigaciones de la Dra. Elaine Aron, psicóloga y psicoterapeuta estadounidense, investigadora, profesora de Universidad y autora de numerosos libros sobre el tema; desde entonces se ha producido una intensa labor de difusión a nivel internacional. Para mayor información puedes consultar su página web: http://hsperson.com/

En nuestro país, la introducción del concepto se la debemos a la propia conferenciante que tenemos el honor de presentar en Valladolid, Karina Zegers de Beijl, holandesa afincada en Mallorca, life coach especializada en alta sensibilidad, escritora con dos libros publicados sobre el tema, bloguera y presidenta de la Asociación de Personas Altamente Sensibles de España (aPASe). Si quieres consultar también más información sobre ella o sobre su trabajo te recomendamos que consultes su página web: http://personasaltamentesensibles.com/, así como la página de la Asociación: http://asociacionpas.org/

Este tema ha llegado a ser tan relevante que Radiotelevisión Española produjo y emitió un programa sobre la alta sensibilidad. Puedes verlo en la siguiente dirección electrónica: http://www.rtve.es/alacarta/videos/cronicas/cronicas-sensibilidad-trasluz/3017002/

Es para nosotros un honor tener la oportunidad de colaborar en la difusión de un rasgo de personalidad que tradicionalmente ha sido poco comprendido y minusvalorado en las sociedades occidentales, dando lugar a una merma considerable no sólo en la autoestima de muchas de estas personas, sino también en el aprovechamiento social de sus dones y capacidades, con el empobrecimiento general que ello comporta a nivel individual y social. Porque reconocer el valor de las personas altamente sensibles y la importancia de su contribución al bienestar de las comunidades en que se integran es no sólo justo sino beneficioso para todos.

Es por ello que nos gustaría contar con tu presencia en esta conferencia que con tanta ilusión estamos organizando en colaboración con la aPASe (Asociación de Personas Altamente Sensibles de España), en la confianza de que ello redundará en un enriquecimiento mutuo.

14.7.16

Deseo de coincidencia

Después de lo hablado hoy, me doy cuenta de que en nuestra conversación no ha habido un encuentro real. Como bien has dicho, ni siquiera era necesaria tal conversación. Cada uno ha ido a lo suyo: tú a defenderte porque no soportas que haya cosas feas en tu vida y yo, una vez más, a buscar tu validación para sentir que soy digna de que me amen. 

Me voy a quedar ahora en lo mío y nada diré de lo tuyo porque decir algo significaría alargar con un asalto más esa lucha de poder que librábamos antes.

¿Qué me ha dolido realmente? Pudiera parecer que me ha dolido no encontrar esa validación por tu parte. Pero no; lo que realmente me duele es no ser capaz de dármela yo a mí misma. Nadie puede dar sentido o valor a mi vida si no se lo doy yo. Cuando decimos que no hay nada ahí fuera nos referimos a esto. Todo tiene que ser de dentro a fuera. Mi padre, en su no quererme, en realidad no existe para mí; tú, en tu no quererme, para mí tampoco existes. Para mi mente, sólo existo yo. Y ahí es donde puede aparecer el dolor. Si vivencio un yo, eso sí que es real; y si a ese yo no lo quiero, eso sí que duele… ¡y cómo duele! Ése es mi auténtico dolor, una señal de mi yo anhelante que no llega a creerse que merece ser querido sin más, simplemente por cómo es y por existir. Es totalmente imprescindible llegar a la conclusión de que sólo yo puedo apreciar el valor que tengo. Todo lo demás es un gasto de energía tan grande que me deja exhausta. Y que no me deja disfrutar de la vida.

En cuanto a nosotros, probablemente bastaría con que nos respetáramos absoluta y escrupulosamente en nuestra manera propia de ser y en nuestras decisiones para con nosotros mismos, siempre y cuando no nos defraudemos en lo que verdaderamente nos une, que es el amor entre tú y yo, independientemente del apellido que le pongamos a ese amor: de amistad, de pareja, etc. Y precisamente por ese amor que nos une, podríamos poner toda la intención en vivir por un objetivo común, el propio de la relación que pueda llegar a haber realmente entre nosotros. Pudiera ser que en esto sí que coincidiéramos y, entonces, sería hermoso. Fíjate... creo que el deseo de esa coincidencia tiene algo que ver con lo que queremos decirnos cuando, sin apenas conocernos, nos decimos “te quiero”.

20.5.16

Matices

Sólo cuando podemos describir bien un problema somos capaces de intervenir en él para intentar resolverlo con pericia y eficacia. Cuando el problema provoca emoción -¡cuándo no!- hemos de hilar fino. Por ejemplo, si estamos sintiendo algo así como inquietud, aunque todos nos entendemos, más o menos, al emplear las siguientes palabras, resulta complicado distinguir los matices que añade cualquiera de ellas en comparación al resto: agitación, desasosiego, desazón, inquietud, intranquilidad, nerviosismo, preocupación, reconcomio, turbación, zozobra… O, ¿qué diferencia encontráis entre abulia, apatía, anorexia, desgana e inapetencia? 

Todos hemos dedicado mucho tiempo a aprender una profesión y, cuando ya nos creemos preparados, la desempeñamos. Sin embargo, no hemos aprendido apenas nada sobre el proceloso mundo de nuestra interioridad. Como ya se ha expresado aquí, crecemos tan pendientes de lo que ocurre fuera y de defendernos de lo que sentimos amenazante del exterior que apenas somos conscientes de lo que nos ocurre en el interior. Me resulta muy sugerente la idea de que las emociones son los indicadores de cómo andamos en la satisfacción de nuestras motivaciones. Obviamente, lo que nos “mueve”, lo que nos motiva, es lo que necesitamos. 

Y aún hay más. La cuestión se complica porque, cuando sentimos enfado por no lograr satisfacer alguna de nuestras necesidades, y a esa emoción se une la impotencia que no saber cómo resolver el problema, tendemos a dirigirla hacia afuera en forma de agresividad, con el riesgo que convertirnos nosotros mismos en amenazas para quienes nos rodean. Si complicado es el mundo de las emociones sentidas, ¡cuánto más en el “baile” entre dos personas! Una cosa está clara: esas emociones nos están informando de una inquietud, una motivación, una querencia, una necesidad personal… de la misma manera que el intermitente del coche que nos precede, nos informa de la intención de su conductor de cambiar la dirección de su movimiento. Es tal la mezcla de sentimientos que sentimos, consecuencia unos de otros, que tendemos -como se ha dicho arriba- a proyectar su causa primera: pero no nos confundamos, la emoción sentida nos informa de una necesidad personal. Es un matiz muy pequeño, pero clave en la búsqueda del bienestar personal: culpar o responsabilizar a los demás de nuestras emociones desagradables no hace más que complicar el problema y alejarnos de la tranquilidad y la paz interior.